filosofia asturias Jovellanos
Gijón, 16 de marzo de 2005, presentación del libro
de Silverio Sánchez Corredera, Jovellanos y el jovellanismo

 

La Nueva España Miércoles, 16 de marzo de 2005

 
La Fundación Gustavo Bueno presenta
el libro «Jovellanos y el jovellanismo»

La Fundación Gustavo Bueno y el Ayuntamiento de Gijón organizan hoy, a las 19.30 horas, en el Museo Casa Natal de Jovellanos, la presentación del libro titulado Jovellanos y el jovellanismo, una perspectiva filosófica, del profesor Silverio Sánchez Corredera. La entrada es libre.

 

 

El Comercio Jueves 17 de marzo de 2005

 
Silverio Sánchez Corredera, Filósofo
«Cuando uno conoce de verdad a Jovellanos, se enamora de él»

Silverio Sánchez Corredera El autor presentó en Gijón Jovellanos y el jovellanismo, una obra en la que se dan la mano Historia y Filosofía para adentrarse en la trayectoria política, ética y moral del prócer

Miguel Barrero/Gijón. Silverio Sánchez Corredera (Valverde del Fresno, Cáceres, 1954) presentó ayer en Gijón su libro Jovellanos y el jovellanismo, un estudio en el que Historia y Filosofía se dan la mano para adentrarse en la trayectoria ética, política y moral del que probablemente sea el asturiano más universal de todos los tiempos. Corredera, que estudió en Oviedo con Gustavo Bueno antes de licenciarse en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor del instituto Emilio Alarcos de Gijón.

—En la presentación habló de «jovellanismos». ¿A qué se refiere?

—Son las sucesivas interpretaciones que los distintos estudiosos hacen de las ideas de Jovellanos a lo largo de los dos siglos largos que han transcurrido desde su muerte hasta hoy. Cuando leía textos de distintas épocas del pensamiento del ilustrado, me llamó la atención la disparidad de opiniones que había. En el libro analizo cómo aparecen las distintas fases y el modo en que se extienden y toman terreno.

—¿Tan complejo era su pensamiento?

—Fue estudiado desde distintas perspectivas, desde la que yo llamo nacionalcatólica hasta la filosófica, pasando por la ilustrada, la liberal o la filológico-histórica. Es interesante el paso de la nacionalcatólica a la filosófica, ahí se da el desdoblamiento de lo que había sido Jovellanos en vida, y también el comienzo de la batalla política sobre su figura.

—Tuvo que ser ardua...

—Después de la fase liberal, Nocedal lo recupera para las filas ortodoxas aduciendo su religiosidad. Somoza, más tarde, lo recupera como personaje ético, y con la República se abre una etapa en la que el estudio se aborda desde el punto de vista de los filólogos e historiadores. A partir de los ochenta, se abre otra nueva fase, ésta de contenido filosófico.

—Jovellanos es, sin duda, uno de los asturianos más importantes de la Historia. Y sin embargo su trayectoria, su obra y su pensamiento son desconocidos para la gran mayoría de los habitantes del Principado.

—Es cierto. Yo mismo, al iniciar mis estudios sobre él, apenas sabía nada de su pensamiento. Está claro que todo el mundo sabe quién era Jovellanos, pero si escarbas un poco ves que no hay mucho conocimiento detrás de esa primera constancia. Fue un prohombre de la Ilustración, y su estudio durante mucho tiempo se ha limitado a capillas y pequeños núcleos de gente. No era una figura de referencia obligada en determinados campos. Si hablabas de la Ilustración española, hablabas de él, pero si te referías a la Economía ni le mencionabas. Pablo Luna, un profesor de La Sorbona, dijo hace poco que en Francia estaban descubriendo ahora la importancia del pensamiento de Jovellanos.

Los afrancesados

—En el libro se hace especial mención a la postura del ilustrado en el momento de la invasión francesa. ¿Qué importancia tuvo ese episodio en la vida de Jovino?

—Los afrancesados tenían sus razones en el terreno teórico, pero la razón histórica la tuvieron Jovellanos y la reacción del pueblo español. Muchos de los que se alinearon con José I eran amigos del ilustrado gijonés, y debe aclararse que casi la totalidad de ellos tomaron la decisión de apoyar a los franceses lo hicieron por una simple razón de circunstancias. Se vieron encerrados y les vendían algo que, en principio, era 'bueno', pero en realidad se trataba de un Estado frente a otro. Los afrancesados estuvieron diez años fuera, volvieron y resucitaron con los liberales de las Cortes de Cádiz. La Revolución Francesa, que tenía un carácter de izquierdas, fue seguida de una segunda ola, también progresista, que era distinta. Unos beben de otros, pero unos están en Francia y los otros en España.

—Menéndez Pelayo veía la Ilustración como un error histórico, en función de sus «frutos bastardos y liberales», mientras que para Jovellanos era el punto de inflexión de un futuro pensado en términos de cambio. ¿Quién de los dos tenía razón?

—La razón la tiene Jovellanos, porque Menéndez Pelayo, que era una de las mejores mentes de la España de finales del XIX, seguía una tesis que resultó fallida históricamente. Además, los historiadores también le han dado la razón al gijonés. Él hablaba del papel de la ciencia, de política moderna, de la separación entre Iglesia y Estado, y por eso fue castigado... Menéndez Pelayo se basaba en un concepto de nación basado en lo religioso, en valores inamovibles. A partir del siglo XVIII se ve que la religión tiene que ocupar otro lugar en la sociedad, se deja de presuponer que tenga que estar en el centro de todo.

—¿El filosófico es el último jovellanismo?

—Los jovellanismos se suceden, pero no desaparecen. Cuando uno conoce a Jovellanos, se enamora de él porque reconoce sus grandes valores. Es el típico español universal.

 


La Nueva España Jueves, 17 de marzo de 2005

 
Silverio Sánchez Corredera
«No se puede limitar a Jovellanos a un prócer que hizo mucho por Gijón»
«El jovinismo es toda una arquitectura filosófica cuyo núcleo fuerte se organiza como un pragmatismo moral»

El profesor Silverio Sánchez Corredera, ayer, en la Casa Natal de Jovellanos J. C. Gea / La presentación ayer del libro Jovellanos y el Jovellanismo remató en la Casa Natal del ilustrado un ingente trabajo de años destinado a rastrear y fundar por vez primera la existencia de un pensamiento filosófico sistemático bajo la ingente obra de Gaspar Melchor de Jovellanos. El profesor del IES Emilio Alarcos Silverio Sánchez Corredera (Villaverde del Fresno, 1954) es el autor de la obra, editada en la Biblioteca Filosofía en Español por la Fundación Gustavo Bueno. En ella se vale del materialismo filosófico del maestro riojano como herramienta para abordar la tarea. La obra amplía la tesis doctoral de Sánchez Corredera, que ya había merecido el premio de investigación de la Fundación Foro Jovellanos.

—¿Qué proceso ha seguido?

—He aplicado a la obra de Jovellanos una mueva metodología, que permitiese una sistematización de los textos y de sus interpretaciones históricas. Paradójicamente, es un personaje muy conocido, pero escondido tras la hojarasca de las interpretaciones y con su obra aún no publicada del modo más adecuado. Pocas personas –Somoza, Caso– han leído todo, y aun así sus interpretaciones han sido universitarias, filológicas... Faltaba una visión general, filosófica.

—¿Cómo ha estructurado sus conclusiones?

—Hay una primera parte metodológica, más especializada. Una segunda, más accesible para lectores en general, en que recorro las interpretaciones que se han ido haciendo, en una especie de metodología de discusión que remueve los materiales históricos, intentando superar las visiones parciales. Llega a ser hasta emocionante ver cómo esas interpretaciones siguen fielmente el curso de los acontecimientos históricos que se van sucediendo en España. En la tercera parte se saca el jugo final, pero mis tesis van quedando sentadas a lo largo de los análisis.

—Resultado: ¿hay un Jovellanos plenamente filósofo?

—Yo creo que sí, que lo he identificado. Hay en él toda una arquitectura filosófica que sostiene las ideas. Que no se limite a ser un simple ilustrado que hizo mucho por Gijón. Y ahora hace falta contrastarlo.

—¿Dónde está escrita la filosofía de Jovellanos?

—Está dispersa en toda su obra, y ahí está la gran dificultad. ¿Quién lee ahora todo Jovellanos? ¿Quién puede abarcar toda esa lectura? Hay en su obra partes muy secundarias, que apenas revisten interés para esa interpretación global. De más de mil cartas, a lo mejor, lo verdaderamente relevante está en cincuenta. Pero hay que leer las otras. En todo caso, hay una idea media de Jovellanos que resulta de opiniones varias, pero ninguna de ellas es globalizadora. No es que una interpretación filosófica tenga que ser más importante que las demás, pero no estaba hecha. Y la filosofía, conforme al materialismo filosófico, es una disciplina secundaria que requiere que antes estén bien aposentados una serie de materiales. Yo estoy convencido de que la gente que opina sobre Jovellanos habla la mayor parte de las veces de segundas. Y además, la variedad de registros de Jovellanos puede engañar perfectísimamente. No es el mismo el que se dirige a los alumnos del instituto en un discurso que el que eleva informes económicos al Consejo de Castilla; escribe a una escala distinta, hasta tal punto que parecen dos personas. De ahí vienen bastantes de las contraposiciones interpretativas que han pugnado por un Jovellanos neocatólico contra uno liberal, uno conservador contra otro jansenista...

—¿Cómo describiría el sistema filosófico de Jovellanos?

—Jovellanos maneja los conceptos de una metafísica de la cual es un puro receptor, y que comparte con los otros ilustrados de su época de ideas avanzadas, típicas de su tiempo. Eso afecta a todos por igual. Pero lo importante es cómo se enfrenta al ámbito de la política, la ética y la moral. Aquí es donde la metodología del materialismo filosófico es útil e iluminadora. Jovellanos distingue con una gran claridad entre el rango de lo ético y el de lo moral, entre el ámbito interno de su religiosidad o la metafísica, y lo moral: institucional, la legalidad externa, el Estado. Jovellanos no contamina sus ideas económicas o sobre la educación con sus creencias religiosas. Su parte digamos laica mantiene siempre una gran independencia, y a la hora de plantearse profundas reformas en política o educación separa siempre Iglesia y Estado. Por eso para algunos aparece como un jansenista.

—¿El núcleo del sistema?

—Las ideas éticas y estéticas conectan con su religiosidad, su piedad, sus actitudes interiores, y ese canal vertical conforma una antropología. Pero lo verdaderamente valioso está en que todo el sistema jovellanista está sólidamente apoyado en una idea determinada de la historia, en la que tienen una importancia capital el Derecho, las leyes y la educación. La política en Jovellanos no se puede entender fuera de la economía, la educación y la importancia de las leyes.

—¿Ha bautizado ese sistema?

—Me he atrevido a bautizarlo como «jovinismo filosófico». Su núcleo fuerte, en el que se concilian el Jovellanos más agresivo y contundente con el más reservado y cauto, se organiza como un pragmatismo moral. Ahí los componentes éticos están incluidos. Jovellanos concede toda la importancia a los procesos políticos y morales externos, generales. Los ideales dan el encuadre, obligan a una determinada lógica, pero en última instancia la ética sólo sirve para acallar conciencias. Jovellanos propugnó reformas para cambiar cosas tan delicadas como la frontera entre Estado e Iglesia, lo que le hizo ser también sumamente cuidadoso. Esa cautela es la que propicia la interpretación más conservadora.

—¿Pero el núcleo era liberal?

—En ese juego entre radicalidad y moderación se retrata, para mí de forma clarísima, un protoliberal, un padre de liberales que no pudo ser él mismo liberal porque no le dio tiempo histórico a serlo. Su aparente conservadurismo es el resultado de una filosofía política muy bien medida y enormemente pragmática. Jovellanos coincide con los liberales en la defensa de la soberanía popular, la reivindicación de todos los derechos... Pero era más maduro, y aunque también estuviera en contacto con la «fiebre francesa», no se dejó contagiar. El modo en que planteaba las cosas, su sentido del realismo hubiera sido muy positivo porque, aunque los cambios se hubieran conseguido de modo más lento –concediendo por ejemplo una cámara a Iglesia y aristocracia– no se hubieran producido parones de medio siglo ni guerras como las carlistas.

—¿Es una filosofía rentable, aplicable al presente, al futuro?

—Sí. Estoy más convencido de que vivimos un final de época. Conceptos del tiempo de Jovellanos, como derecha e izquierda, nación-Estado, soberanía nacional entran en crisis. Jovellanos en este contexto es reivindicable porque su proyecto persiguió situar los procesos de cambio en un subsuelo más profundo que el de Rousseau o Kant: el moral, que tiene que ver con la realidad de la política, las leyes, el poder. Ideó un modelo de cambio de ritmo más lento y más profundo.

—¿Un ejemplo?

—Para él no es posible una transformación social verdadera si antes no se educa al pueblo. La política debe pasar por la plena concreción de procesos morales, y en ese sentido se debe hacer más filosofía de la historia que política a secas. O respecto al igualitarismo: dice que sí, que hay que ser iguales, pero que pensar que lo somos desde el principio, como decía Rousseau, es una fantasía inútil.

 


La Nueva España Viernes, 18 de marzo de 2005

 
Cuca Alonso
Jovellanos y la filosofía

Por la izquierda, Silverio Sánchez Corredera, Mercedes Álvarez y Gustavo Bueno Sánchez

La plana mayor de la filosofía asturiana se reunió en la Casa Natal de Jovellanos para presentar el libro, Jovellanos y el jovellanismo, una perspectiva filosófica, obra del gijonés Silverio Sánchez Corredera, a su vez catedrático de Filosofía.

No es exagerada la referencia a la magnitud del acto, ya que en primera línea de espectadores, es decir, de oyentes, comparecía don Gustavo Bueno Martínez, hoy por hoy soberano en este sistema de pensamiento. Y en la tribuna, para no ser menos, uno de sus hijos, Gustavo Bueno Sánchez. Tampoco el rango de monárquico viene a desmano, ya que al finalizar el acto felicité a don Gustavo por tener un hijo tan inteligente, guapo y a la vez moderno. Me respondió: «Yo no vencí reyes moros, pero sí engendré a los hombres que los vencieron.» Es curioso lo que ocurre con este señor, siempre afable, bondadoso, con su eterna camisina abrochada hasta el último botón; habla e inmediatamente se forma un corro a su alrededor.

Mercedes Álvarez, edil de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, presidió la sesión en ausencia de la Alcaldesa, autora del prólogo del libro. Dijo de éste que sus 860 páginas son fruto de cinco años de trabajo, teniendo como base los documentos personales del ilustre vecino de Cimadevilla y las aportaciones de la tradición jovellanista. Uno de los mayores méritos de la obra reside, según Mercedes Álvarez, en la fijación de las etapas tan dispares del propio Jovellanos, de acuerdo con las circunstancias políticas e ideológicas en las que se envolvió su vida.

Gustavo Bueno Sánchez, que representaba a la Fundación Gustavo Bueno, manifestó que el libro responde a un esfuerzo asombroso, que, por tanto, ha de marcar un hito en la bibliografía jovellanista. «No es un texto fácil ni sencillo, pero sí de referencia para estudios posteriores, ya que Silverio Sánchez Corredera ha reunido en una labor compresiva los matices filosóficos de un personaje tan rico que permite hacer lecturas muy diversas. Creo que este trabajo persistirá en el tiempo, y si provoca críticas feroces, estupendo, así el autor podrá defenderlas». Gustavo Bueno Sánchez concluyó diciendo que para aquellos lectores que tengan capacidad para entenderlo y discutirlo, ha de ser un volumen delicioso. El término volumen es pintiparado al caso. Un libro macizo, de letra pequeña y apretada, estructura sólida y al mismo tiempo manejable, papel fino casi biblia, muchas anotaciones a pie de página... José Luis Pérez de Castro lo describiría mucho mejor, sin duda con placer. En cuanto a su contenido, el autor manifestó que se divide en tres partes. La primera, y más difícil, no apta para un público medio, vertebra la teoría ético-política-moral aplicándola al engranaje conceptual de Jovellanos. La tercera analiza el valor filosófico de sus ideas y trata de definir un puente entre la ilustración y el liberalismo a través de su pensamiento. Tampoco animó mucho al personal el señor Corredera sobre la lectura de esta tercera parte, menos mal que tan sólo reúne 172 páginas. Deliberadamente, había reservado las referencias al segundo apartado, «La España contemporánea a través de Jovellanos», por ser el más atractivo, menos filosófico y ceñido a los 240 últimos años de nuestra historia. Uno de los capítulos señalados por el propio autor es el referente a cómo vivió Jovellanos la invasión de los franceses, la intensa correspondencia que cruza en esos años, recién liberado de Bellver, donde se refleja su resistencia a integrarse en el bando de Napoleón. Su enfrentamiento con Cabarrús, después de tantos años de amistad, y las razones últimas que expone para rechazar definitivamente a los invasores.

La nota entrañable de esta excepcional obra corresponde a su dedicatoria: «A mi madre, que murió tan prematuramente.»

 


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