as.filosofia.net Asturias por Samoa

Samoa Norteamericana

[ Entre 1998 y 2008 estas páginas estuvieron disponibles bajo la dirección filosofia punto as y con la explicación que sigue, redactada en 1998; pero a partir de 2009 pareció excesivo seguir pagando a esos súbditos del emperador yanki el elevado canon que han fijado para utilizar subdominio suyos de internet y en cambio hemos logrado el cobijo generoso de filosofia.net ]

Estas páginas, que tratan asuntos de Asturias, disponen de una dirección de internet que termina en .as, pero esas siglas, que nosotros hacemos asturianas, se corresponden en realidad con el dominio asignado a Samoa Norteamericana (American Samoa), cuyas autoridades nos han concedido, en este caso, la utilización del subdominio filosofia.as ¿Quién podía suponer que internet vinculase de nuevo unas islas perdidas del Pacífico con Asturias?

Decimos de nuevo, y decimos bien, porque fueron de origen asturiano quienes descubrieron aquellas tierras hace ahora cuatrocientos años. Españoles cuyos capitanes se apellidaban Neira y Quirós. El azar ha querido hoy que la sigla as sea común para Asturias (aunque las matrículas de sus coches no lleven oficialmente esas letras, ni esté previsto a medio plazo, y además da lo mismo) y para la Samoa Norteamericana (American Samoa). Y como a efectos de dominios de internet Asturias no dispone de uno propio (pues es España) y Samoa Norteamericana sí (que el Imperio es muy raro: no reconoce dominios propios a California, Nevada, Nebraska o sus otros Estados Unidos, aunque sí los tolera en sus «autonomías») es probable que Samoa Norteamericana se convierta en el lugar donde virtualmente puedan llegar a radicar más iniciativas asturianas (¿asturianistas?) en internet.

Pero ese vínculo azaroso podría llegar a convertirse en algo más, si lograse cristalizar la voluntad de concluir la tarea que inició Neira y materializó Quirós, al descubrir y reclamar para España aquellos territorios, Samoa por supuesto incluida. Deberían fomentarse hermanamientos entre Pago-Pago y las principales ciudades asturianas, iniciar intercambios culturales, abrir centros asturianos, inculcar el consumo y escanciado de la sidra, desplazar población ociosa, prejubilada o aburrida, difundir la gaita entre aquellos polinesios... ¡¡¡ Gracias a internet la asturianización de Samoa puede producirse !!!

Samoa Norteamericana es el nombre que hoy reciben un grupo de seis o siete islas que forman parte del aquel archipiélago, a medio camino entre Hawaii y Nueva Zelanda: Tutuila, Aunuu, Tau, Olosega, Ofu..., que por ahora y desde 1900 pertenecen a los Estados Unidos de Norteamérica, que las adquirió por cesión de Alemania con la connivencia de Inglaterra.

Pero esos territorios que ahora pertenecen a los Estados Unidos fueron descubiertos, como es natural, por españoles. Los hombres que antes allí habitaban no sabían que había otros hombres en la Tierra, ni siquiera sabían lo que era la Tierra, porque no podían saberlo, como tampoco sabían lo que era la Biblia. De hecho tampoco conocían ningún otro libro, porque en realidad no sabían ni lo que era un libro. Es decir que ellos nunca nos hubieran podido descubrir (porque los descendientes de los de Atapuerca que vivían entonces allí se habían olvidado de cómo habían llegado y no sabían ni querían salir). Además la historia, que ha sido única y es irrepetible, nos asegura que las descubrieron españoles, ocupando precisamente personas de raíz asturiana un protagonismo principal. No hubo «encuentro» con aquellos naturales, pero tampoco fueron hispanizados a finales del XVI y principios del XVII, que no dábamos para tanto, por lo que hubieron de esperar a que los holandeses en 1722 creyesen que se las habían encontrado de nuevo (Roggeveen las llamó entonces «Islas Orientales Manuc»), a que Bougainville en 1768 las bautizase como «Islas de los Navegantes», o que «por fin» el misionero protestante Williams, avanzadilla del imperialismo depredador, comenzase en 1830 el adoctrinamiento de aquellos felices por ingenuos salvajes, hasta lograr que hoy prácticamente toda su población polinesia se sienta identificada con arcaicos sucedidos entre israelitas y romanos, narrados a la manera protestante.

Como se sabe, los viajes de exploración y descubrimiento de las regiones australes fueron tres. El primero lo realizó en 1567 Alvaro Mendaña de Neira (1541-1595): el virrey de Perú, Lope García de Castro, que era pariente suyo, le puso al frente de la flota que salió del puerto del Callao de Lima, y descubrió las islas Salomón. El segundo viaje en 1595-1596 fue asimismo capitaneado por Alvaro Mendaña de Neira, al que acompañaba como piloto mayor el capitán Pedro Fernández de Quirós (1565-1615, aunque nacido en Evora su nombre denota un inequívoco origen asturiano): descubrieron las Islas Marquesas y las de Santa Cruz. La tercera y última expedición fue al mando del capitán Pedro Fernández de Quirós, que llevaba como almirante a Luis Vaez de Torres. Levaron anclas las naves el día 21 de diciembre de 1605, también del puerto del Callao, y después de cinco meses de navegación descubrieron unas tierras de las que tomaron posesión en nombre de Su Majestad el día 14 de mayo de 1606, en cuyo momento solemne el capitán Pedro de Quirós pronunció, entre otras, las siguientes palabras:

«Séanme testigos los cielos, tierra, las aguas con todas sus criaturas, y las que presentes estáis testigos, de como Yo, el capitán Pedro Fernández de Quirós, en estas partes que hasta agora han sido incógnitas, en nombre de Jesucristo, hijo del Eterno Padre y de la Virgen Santa María, Dios y hombre verdadero, enarbolo esta señal de la Santa Cruz en que su persona fue crucificada y a donde dio la vida por el rescate y remedio de todo el género humano, siendo presentes por testigos todos los oficiales de mar y guerra: fecha día de Pascua del Espíritu Santo, a 14 de mayo de 1606. En estas partes del Sur hasta agora incógnitas a donde estoy, he venido con la aprobada licencia del Sumo Pontífice Clemente Octavo, y por mandado del Rey nuestro Señor Don Felipe III, Rey de las Españas..., despachado por el Consejo de Estado. Yo, Pedro Fernández de Quirós, en nombre de la Santísima Trinidad tomo posesión de todas las islas y tierras que nuevamente he descubierto, y descubriré hasta su polo. Tomo posesión de toda esta parte del Sur hasta su polo en nombre de Jesús... Tomo posesión de todas las partes del Sur hasta su polo en nombre de Juan de Dios, y de todos los hermanos profesos de su orden... Que desde agora se ha de llamar la Austrialia del Espíritu Santo, con todos sus anexos y pertenecientes, y esto para siempre jamás en nombre del Rey Don Felipe III cuyo es el gasto, y costa de esta armada con que vine a descubrir las dichas tierras...»

Por las palabras transcritas se entiende con claridad meridiana que la toma de posesión proclamada por el capitán Quirós para España no se refería exclusivamente a la pequeña isla del Espíritu Santo, que sabemos pertenece al archipiélago de las Nuevas Hébridas, donde realmente se hallaban los expedicionarios, sino que la intención manifiesta era la de posesionarse de toda la región austral, que Quirós consideraba:

«Otras Nuevas Indias Australes, de no menos esperanzas, que ha de ser como otro Nuevo Mundo tan grande, y promete sea mayor y poblado de muchas mejores gentes que lo es el de América.»

Pero el capitán Quirós, que el 9 de octubre de 1607 llegaba a Madrid para organizar la expedición definitiva que poblase la extensísima región que había descubierto, Australia y todas aquellas islas, incluida Samoa, no logró los quinientos mil ducados y los mil hombres que garantizarían a España, según su plan, el dominio absoluto de los mares del Sur y la consolidación de su inmenso imperio. Infatigable y emprendedor cual asturiano escribió más de cincuenta memoriales al Rey, pero sólo logró que a finales de 1610 se le prohibiese la publicación de tales informes: de mano del propio Felipe III se hace constar en el despacho: «Dígasele al mismo Quirós, que recoja estos papeles; y los de con secreto a los del Consejo de Indias, porque no anden por muchas manos esas cosas.»

Pero en 1611 en Milán y Augsburgo, en 1612 en Amsterdam y en 1617 en París y Londres aparecieron publicados traducidos los memoriales del capitán don Pedro Fernández de Quirós con la noticia del descubrimiento de «Austrialia» y de las islas del Pacífico, que no serían así civilizadas por asturianos y españoles, continuadores del espíritu de Pelayo y Covadonga, generadores de nuevos pueblos católicos, sino por depredadores protestantes, holandeses e ingleses, que en lugar de enviar allí sus mejores hijos mandaron sus bucaneros y los convictos asentados en remotos presidios que allí instalaron.

En 1880 el Parlamento alemán había rechazado el establecimiento de un protectorado alemán en Samoa. Los europeos decidieron entonces inventar una «familia real» que detentase formalmente el poder en aquellos territorios, con la que alcanzar pacíficos y armónicos acuerdos, y que supiese encandilar a los suyos, manteniéndolos sumisos y felices. Pero no acertaron al escoger el linaje ni el varón genitor sobre el que organizar, como Dios manda, aquella Casa Real (que quizá sólo hubiera sido Choza Real). El 8 de noviembre de 1880 reconocieron como nuevo Rey a Malietoa Laupepa (desde 1860 venía compartiendo «el trono» con su tío Malietoa Talavou, alias Pela). Pero Malietoa no se portó muy bien con los alemanes, que en agosto de 1887 se llevaron al Monarca a bordo de un crucero de guerra del Segundo Reich a gozar del exilio en las islas Marshall. Los enemigos de aquel Rey, que no eran republicanos y le habían tomado gusto a la monarquía, reconocieron entonces como Rey al hasta entonces caudillo Tamasese, pero tras unas pequeñas grescas Su Majestad pasó a serlo un tal Mataafa, otro «caudillo» partidario del depuesto Rey Malietoa, que derrotó, humilló y vejó al depuesto Rey Tamasese, y además devastó las plantaciones alemanas e incluso aniquiló el 18 de diciembre de 1888 a la dotación de un imperial barco de guerra de Bismarck. Un huracán pareció incluso aliarse con los aborígenes de Samoa, al echar a pique el 16 de marzo de 1889 en el puerto de Apia a dos buques de guerra alemanes y tres americanos. Pero la Conferencia de Berlín sobre Samoa, celebrada en junio de 1889 entre Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, restableció en el trono al Rey Malietoa Laupepa, que murió el 22 de agosto de 1898 sin haber sabido ni podido continuar su Real estirpe: el pacto germano americano inglés de 2 de diciembre de 1899 suprimió entonces el Reino de Samoa, y aquellos territorios y sus gentes pasaron a formar parte de una suerte de autonomía administrada por las potencias que se las repartieron (precisamente bajo el arbitraje de otro Rey, el de Suecia).

Hasta 1951 la administración de las islas de Samoa que se quedaron los Estados Unidos de Norteamérica, la Samoa Norteamericana (American Samoa), dependió directamente de la Marina norteamericana (US Navy): el comandante de la estación naval de Pago-Pago (estratégico puerto que ya en 1872 había sido ocupado por los Estados Unidos, aunque hasta 1877 la Unión no aprobó que se izase en aquel lugar el pabellón norteamericano) era a la vez gobernador de las islas, y quien dictaba leyes y reglamentos. Como el interés por esos territorios era puramente militar y los aborígenes naturales que allí vivían no eran peligrosos, siguieron la práctica genérica del imperialismo depredador, del colonialismo protestante (es decir, no católico), la de respetar las costumbres indígenas (siempre que no fueran tan molestas y desagradables que pudieran alterar las educadas conversaciones propias del te de las cinco): dividieron las islas en tres distritos regidos cada uno de ellos por un «gobernador indígena» que tenía bajo su férula a los «jefes de aldea». Los naturales tenían que pagar sus impuestos en metálico el 1º de Mayo, y tenían una guardia indígena de 71 individuos, dirigidos por un sargento y un director de banda de la Armada norteamericana.

En 1951 los territorios de la Samoa Norteamericana pasaron a depender del Departamento del Interior de Washington (Oficina de Asuntos Territoriales e Internacionales), que dotó a sus pobladores naturales de legislación civil. Son territorio de los Estados Unidos, pero no incorporados ni organizados como los demás estados de esa Unión. En 1966 se dispuso una Constitución propia, que entró en vigor en 1967. Su presidente es el de los Estados Unidos, y cada cuatro años se nombra un gobernador (las próximas elecciones lo serán el 7 de noviembre del 2000). Desde el 3 de enero de 1997 es su Gobernador Tauese P. Sunia, y subgobernador Togiola Tulafono. El Gobernador Sunia es demócrata (obtuvo el 51% de los votos), y su opositor el independiente Peter Reid (obtuvo el 49%). Esta era la situación el 19 de diciembre de 1998, cuando se escribió esta página. Como la vida y la democracia sigue, el lector interesado deberá actualizar estos nombres buscando directamente por la red.

Samoa Norteamericana dispone sólo de 199 kilómetros cuadrados de superficie terrestre (es decir, cincuenta veces menos que Asturias) y tiene reconocido internacionalmente como territorio marítimo el espacio que dista 12 millas naúticas de los 116 kilómetros de costa de que dispone, y como zona económica exclusiva hasta las 200 millas desde su costa. Tutuila es la isla más grande. La población total de Samoa Norteamericana ascendía (en junio de 1997) a 61.819 personas (es decir, como Mieres o Langreo, tres veces menos que Oviedo, cuatro veces menos que Gijón). La tasa anual de nacimientos es de 35 por mil, 4 por mil las defunciones. En 1997 tuvieron 6 migrantes por cada mil habitantes. Su tasa de mortalidad infantil es del 18.78 por mil, y la expectativa de vida de 73 años (71 ellos, 75 ellas).

El 89% de la población es de origen polinesio. Sólo un 20% son católicos, el 50% son cristianos congregacionalistas y el 30% restante pertenece a otras variantes de iglesias protestantes (además de algún agnóstico suelto y quizá unos pocos ateos de verdad). El 90% de la población tiene como lengua materna el samoano, y en su mayor parte son capaces de hacerse entender en inglés. Según el Summer Institute of Linguistics (una organización misionera protestante al servicio de Dios y de los Estados Unidos) estaban traducidos al samoano fragmentos de la Biblia ya en 1836, el Nuevo Testamento completo desde 1846 y la Biblia en 1855 (con versiones actualizadas en 1982 y 1970 respectivamente). Del 98% al 99% de los samoanos saben leer, y como disponen de la Biblia en samoano desde hace tiempo y son mayormente protestantes, tienen suficiente. En Samoa Norteamericana se publican pocos libros y tienen 4 revistas dotadas de ISSN; sabemos en Asturias que las estadísticas de subdominios de internet concedidos por Samoa pueden resultar muy engañosas.

Asturias, gracias a internet y al dominio .as retoma de hecho y sin habérselo propuesto la obra que iniciaran hace cuatro siglos los capitanes Alvaro Mendaña de Neira y Pedro Fernández de Quirós. El tiempo dirá.

Post scriptum de 9 de febrero de 1999
El diario El País dió noticia de esta página el día 28 de enero de 1999, página 15 de ciberp@is, provocando un notable aumento en las consultas. El día 7 de febrero, Francisco Mellén, de la Asociación Española de Estudios del Pacífico, nos manifiesta, en epístola electrónica, ciertos escrúpulos sobre el texto anterior, tanto por lo que respecta al origen asturiano de Neira (nacido en la berciana villa de Congosto... ¿pero no fue Astorga capital de las Asturias?) y de Quirós (natural de Evora, sólo de origen asturiano por parte de madre), como por lo que hace a la extensión de sus descubrimientos (pues, al parecer, nuestros marinos no se refieren explícitamente en sus diarios a Samoa). Por supuesto que Quirós no se entretuvo en pisar todos aquellos islotes pacíficos (que le corría prisa volver a España a organizar su frustrada expedición definitiva): pero al tomar posesión de todas aquellas «islas y tierras que nuevamente he descubierto, y descubriré hasta su polo» y darles, en honor de la Casa de Austria, el genérico de «Austrialia», incluía por supuesto, sin él siquiera saberlo, a las islas que hoy conocemos como Samoa (de la misma manera que Colón, que tomó posesión de unos territorios que él creyó eran las Indias, y más tarde sospechó sería el Paraíso Terrenal, pero resultaron ser un continente, al que más tarde se llamó América, es dicho descubridor del Nuevo Mundo sin que, por supuesto, se le pida un neurótico inventario de la situación administrativa de aquellas tierras, según nuestros conocimientos presentes). De cualquier modo, como se puede comprender, nos preocupa más el futuro de Samoa que su pasado. Repetimos: el tiempo dirá.


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